Hello Ween



Esta historia está dedicada con mucho
cariño a mi querida Tropa.


                 Jamás había asistido a una fiesta de Halloween, pero las locas de mis amigas se pusieron bastante pesadas y aquí estoy. ¡Y me lo estoy pasando de puta madre!
                Ya he perdido la cuenta de los tequilas que me he tomado, pero es que entran de vicio.
                —¡Hermana, fiestaaaaaa! —me grita Adina sin parar de botar. Yo la miro desde la barra y contesto de la misma forma, pero me niego a aceptar su invitación de volver a la pista de momento. Como salte un par de veces más me caigo de boca, suelto la pota y llega el tequila de vuelta a México. Adina es una morenaza que llegó a la Uni en un programa de intercambio y desde ese momento nos hicimos amigas. Ahora es más que una amiga, es mi hermana. Aún así, los efectos del tequila son más poderosos que nuestra amistad. ¡Vaya con mi primer Halloween!
               
—¿Puedo invitarte a una copa? —me pregunta una voz muy dulce que emerge a mi derecha.
                —¡No y te vas cagando leches! —le contesto a la vez que me giro mareada por el movimiento del taburete giratorio. El repentino mareo me hace sonreír de la cogorza que llevo encima, pero la sonrisa desaparece de mi cara en el mismo momento en que aparece en mi campo de visión el rubio más guapo que he visto en mi vida.
                —Vale, adiós —me contesta, se gira y se va. ¡Joder, he sido muy brusca! Pienso en pedirle perdón, pero en segundos le veo desaparecer entre la multitud. Me giro pensando en la situación tan rara que se me ha presentado y cuando voy a pedir al camarero un nuevo tequila, la misma voz embriagadora provoca que me sobresalte.
                —¿Querías decirme algo? —me pregunta esta vez desde mi izquierda.
                —¿Tú no estabas?... Bueno, sólo quería pedirte disculpas por haber sido antes tan grosera.
                —No es necesario —me corrige clavándome unos ojos azules más bonitos que el mejor de los cielos otoñales.
                —Insisto —replico—. Me he comportado como una cría y he sido muy borde. Tu forma de actuar me indica que quizás no ibas con las malas intenciones que imaginé.
                —Te equivocas —me vuelve a corregir muy seguro y abro mucho los ojos, sorprendida.
                —¿Qué no he sido borde? —le pregunto temiéndome su respuesta.
                —Lo has sido un poco, pero te equivocas en mis intenciones. —Buff, éste tiene ganas de jugar, pero los tequilas, que también juegan un partido de fútbol en mi estómago, piden la revancha, por lo que mi respuesta es inmediata.
                —¡Ahhhh! Entonces venías con malas intenciones —admito juguetona con una pícara sonrisa en el rostro—. ¿Y qué se supone que ibas a hacerme? —le pregunta provocadora mi Yo más traviesa.
                —Sólo venía a follarte duro y eso es lo que haré —sentencia y deja mi boca tan abierta que la Fosa de las Marianas parece un chiste a su lado.
                —¡Vete a la mierda, estúpido! —exclamo sin dar aún crédito a lo que me ha soltado.
                —Vale, adiós —. Y coge y se va de nuevo. Este tío es raro como ninguno y me está enfadando casi tanto como me excita su serenidad, su insolencia y… bueno, y todo él. Otra vez se ha perdido entre la multitud y otra vez me ha dejado alucinada.
                —¡Ven a la pista, Ana! —me vuelve a gritar Adina. Le hago caso, aunque más por contarle lo que me ha pasado que por mis ganas de bailar.
                Mientras le estoy contando a gritos lo que me ha sucedido con el pedazo de rubio, observo desconcertada que el hermano mayor de Khaleesi me mira desde el otro lado de la pista sin quitarme ojo. Todos bailan a su alrededor, mientras él me mira. Él sólo me mira y el único movimiento que distingo en el cuerpazo que gasta es el vaivén de su largo cabello rubio, que sobresale por encima de las cabezas de quienes le rodean. Es bastante alto, debe rozar los 2 metros.
                Me he quedado petrificada, hipnotizada con su afilada mirada. Desprende fuego y se clava en mí para acelerar mi circulación, aunque nada que ver con la tormenta que genera en mis adentros cuando comienza a caminar hacia mí.
                —Me has llamado —me dice y se queda callado esperando mi respuesta.
                —¡Yo no te he llamado! —protesto—. ¡Te pedí que te fueses a la mierda! —le recuerdo dubitativa. Ya no sé si quiero que se vaya a la mierda sólo o que me lleve para perderme con él a tan escatológico destino. ¡Joder, me tiene cautivada sin apenas haberme hablado!
                —Sí, lo has hecho —me corrige por enésima vez—. Me has saludado.
                —¿Qué yo te he saludado? —pregunto vociferando anonadada y muy alterada—. A ver, no sé qué es lo que fumas, pero te puedo asegurar que es bueno, eh. ¡Es muy bueno! —afirmo con rotundidad—. Te hace alucinar en colores… —añado burlándome del rubio más guapo, desconcertante y extraño que jamás me eché a la cara. Él no dice nada, sólo me mira y espera. Creo que aguarda la pregunta que ronda por mi cabeza.
                —¿Cuándo se supone que te he saludado, listo? —pregunto de nuevo, ofreciéndole en esta ocasión una mueca que pretende mostrar entre interés e incredulidad.
                —Cuando hablabas con Adina has dicho "hola" acompañado de mi apellido.
                —¡Pero tú no puedes haberme escuchado porque no estabas! —le respondo y cuando voy a añadir que no he mencionado la palabra "hola", reparo en que ha soltado el nombre de mi "hermana" aunque yo no se lo he comentado.
                —Te equivocas —me corrige para encenderme de nuevo y echar carnaza a la fiera que llevo dentro.
                —Mira, quien seas… ¡Ya me estás tocando el coño con tanto corregirme! —le suelto con un lenguaje que hasta yo misma me sorprendo.
                —Nuevamente te equivocas —me vuelve a corregir el muy cabrón. Dios, este hombre es exasperante—. Si te estuviese tocando el coño —me dice para encender todas mis alarmas—, no serías capaz de articular palabra alguna en ese momento.
                Definitivamente, este tío va a acabar con mi paciencia, si no lo ha hecho ya.
                —¿Te lo tienes muy creído, no? —le pregunto en mi afán por decir la última palabra. Él me mira, sólo me mira, pero no contesta. Ni falta que hace. Es normal que se lo tenga creído… Si con sólo mirarme podemos freír un huevo sobre mi piel, no puedo si quiera llegar a imaginar si llegase a tocarme el potorro. Y la verdad es que noto un cosquilleo muy extraño ahí.. No es el habitual de cuando otras veces siento que mi temperatura sexual va in crescendo. Y es que siento como si sus dedos hubiesen traspasado el vaquero y las bragas y me acariciasen la entrepierna de manera suave y tentadora, como invitándome a pedir más. Me tiene… creo que hechizada es la palabra que mejor se adapta, aunque debo cortarle ya. Este tío es muy raro. Casi tan raro como el que me sienta segura a su lado, pese a las cosas que me dice.
                —Mira, haz el favor de dejarme en paz —le pido amablemente.
                —Vale, adiós. — ¡Y se va tan pancho! Dios, debo estar volviéndome loca o… ¡quizás sea un sueño! ¡Eso es! Estoy soñando y cuando me despierte amaneceré mojada de pensar en este tío.
                —No estás soñando —me susurra una voz en mi oído derecho. Me giro como un resorte y no veo a nadie a menos de 1 metro.
                —¡Joder, joder, joder con el tequila! —protesto entre dientes. Aún no me puedo creer que me esté sucediendo una situación tan… surrealista.

                Adina y yo caminamos destrozadas un par de horas después de vuelta a casa. Terminé decontarle lo del rubio desconcertante y se ha meado de risa la muy zorra. Habría que haberla visto a ella en semejante situación, con lo asustadiza que es. Nos damos un cariñosísimo abrazo, como siempre, y quedamos en tomarnos un café si nos despertamos antes de la 1…
                Ahora camino sola hacia mi piso y pensando en él. Me dijo que había mencionado su apellido…
                —Exacto. —Oigo un susurro a mi espalda y pego un respingo. Me vuelvo muy rápida, pero no hay nadie. Me estoy comenzando a asustar, joder.
                Acelero el ritmo asustada de nada, porque nada hay a mi alrededor. O eso pensaba, porque de pronto comienzo a escuchar unos pasos, pero me giro y sigue sin haber nadie. ¡Joder, parece que la que se haya fumado algo sea yo y no él! Me prometo mirando hacia atrás mientras camino y con las sombras por testigo que es la primera y última fiesta que asisto en Halloween.
                —Y otra vez te equivocas
                —¡Ahhhh! —grito asustada cuando giro la cabeza y aparece ante mí el rubio, que está comenzando a acojonarme. Respiro muy acelerada a causa del sobresalto y no es para menos… No me ha dado un chungo porque no era mi día—. ¿Se puede saber por qué me estabas siguiendo?
                —Te equivocas —me dice para acelerarme aún más. Verás que al final me da un yuyu… Procuro tranquilizarme antes de pedirle explicaciones más calmada.
                —Va, intentémoslo de otra manera. ¿Te importaría decirme por qué me equivoco esta vez?
                —Te equivocas porque no te seguía. He estado toda la noche a tu lado.
                —¿Quién eres? Estás comenzando a asustarme, chaval —confieso de manera inocente, ya que le estoy dando pie a que se crezca. Aunque tengo la sensación de que este ya viene muy crecidito.
                —Soy el que soy
                —Vale tío, eso ya lo dijo Jesús hace 2000 años y tiene copyright, así que invéntate una mejor y no me jodas.
                —Sabes quién soy. Llevas toda la noche diciendo mi apellido
                —¿Y cuál es tu apellido? —inquiero comenzando a encenderme de nuevo.
                —Ween, soy Tomas Ween. Me has saludado varias veces esta noche al decir "Hello Ween" —me dice haciendo un juego de palabras con Halloween.
                —Ayyy, que chistoso —le digo entre dientes y luego me vuelvo a la vez que me despido—. Encantada, Tomasito y adiós.
                —Vale, adiós —se despide él de la misma forma que ha hecho ya varias veces esta noche. Miro hacia atrás para comprobar si me sigue y veo que ya no está.
                Esto no puede estar pasando. Debo despertarme ya o me volveré loca en mi sueño y me quedaré como un vegetal hasta que me muera…
                Ya me queda poco para llegar a casa y más relajada, comienzo a pensar de nuevo en él, aunque en esta ocasión no lo hago con el temor instalado en mi abdomen, sino con otra sensación algo más abajo. La verdad es que de no haber sido tan estúpido, te hubiese pasado por la piedra, señor Tomas Ween.
                —¿Y aún lo dudas? —me pregunta sentado en posición cómoda en el poyete de un portal, como si llevase allí toda la noche esperándome.
                —¿Por qué no sales de mi cabeza? —le grito presa de los nervios al verle de nuevo allí. Me está volviendo loca y no sé cómo consigue aparecer por todas partes.
                —Porque sólo saldré de tu cabeza para entrar de nuevo por tu coño.
                Me quedo quieta, mirándole, recorriéndole con la mirada. Lo cierto es que este tío sabe cómo ponerme cachonda. De alguna manera sabe que al tratarme con esa seguridad no hace sino echar más leña al fuego que me quema por dentro. Procuro serenarme y tomar la sartén por el mango, aunque este hombre siempre me sorprende, siempre tiene un "pero" para todo lo que digo.
                —Vale, imaginemos que quiero acostarme contigo... ¿Crees de veras que yo me lo montaría con el primero que me lo propusiese? Las cosas no funcionan así, chaval. A las mujeres hay que piropearlas, debes ganártelas de alguna manera para que acceda a dar rienda suelta a tus deseos. Que yo recuerde, llevas toda la noche enfadándome —le digo sin creerme mucho lo que digo, pues el tío también ha sabido ponerme a punto—. Esa no es la mejor manera de llevarme a la cama.
                —Te equivoc…
                —¡Como me lo digas otra vez te tiro el tacón alto y te choco en la frente! —exclamo antes de que vuelva a repetirme que me he equivocado—. ¡No me equivoco, joder! ¿Es que no ves lo que provocas en mí?
                —No lo veo, lo oigo más bien, aunque sé que te equivocas porque también puedo olerte —me suelta para dejarme otra vez en fuera de juego.
                —¿Ah sí? Ahora va a resultar que eres catador de vinos y todo, verás… ¿Y qué hueles, listillo?
                —Huelo tu coño húmedo desde el mismo momento en que me viste aparecer. Veo la mirada que clavas en mí, oigo tu titubeo en cada palabra que me escupes con tus labios tentadores. Sólo me falta palparte y saborearte para disfrutarte con los 5 sentidos, pero soy paciente. Sé que sólo es cuestión de tiempo el que asumas que estás loca porque te folle, pero te asusta porque sabes que jamás has llegado a sentir si quiera de forma lejana el placer que sentirías conmigo.
                Vale, este tío ha conseguido ponerme a cien. Me ha dejado petrificada por enésima vez y mi cabeza no es capaz de pensar con claridad. Y como siempre, él interviene de la forma más sorprendente. Veo que saca algo dorado del bolsillo y como el que juguetea con una moneda, me lo lanza con su dedo pulgar consiguiendo despertarme de mi estado de letargo con el brillo de ese "algo" dorado que viene hacia mí. Instintivamente levanto la mano abierta para cogerlo antes de que recorra los metros que nos separan. Lo cojo y cierro la mano también de manera instintiva. Cuando la abro veo que se trata de una especie de canica con un par de iniciales. TW, que inevitablemente corresponderán a Tomas Ween. ¿Será?...
                —Sí, es de oro macizo y sí, son mis iniciales —contesta a mi pregunta mental.
                —¿Y por qué me das esto? —le pregunto ya rendida por completo a mi demencia.
               
—Porque te hará falta —me responde tan seguro como toda la noche lleva consiguiendo alterar mis sentidos. Soy incapaz de entender e imaginar por qué me hará falta, pero estoy demasiado espesa ya para pensar en semejante galimatías. Veo que se mueve un poco y se coloca en una posición aún más tentadora y por primera vez en la noche, mis ojos van hacia… sí, hacia ahí. ¡Joder, no veas cómo marca paquete Tomasito! Sin saber por qué, pero me lo imagino a mi espalda desnudo, con su piel blanquecina acariciándome el cuello mientras me besa y me da pequeños mordiscos donde termina el brazo y comienza el hombro. Un cosquilleo muy intenso se instala en mi cuello y me hace cerrar los ojos. Cuando la sensación comienza a bajar por mi pecho, que de nuevo comienza a respirar acelerado, vuelvo a abrir los ojos y me veo desnuda en mi habitación mientras siento unos mordiscos en el hombro y unos besos en el cuello.
                ¡Esto es alucinante!, pienso entendiendo por fin que mi rubio no se equivocaba. Al final me follará y sé que de alguna manera, yo se lo he permitido en el mismo momento en que he pensado en ello. No sé cómo lo hace, pero me da igual. Me gusta que me coma el cuello mientras acaricia con su mano mi abdomen, dando sentido al cosquilleo que me recorrió unos segundos antes. Pero su mano demanda curvas y curvas le ofrezco al encorvarme para besarle a la vez que provoco que mi pecho se hinche con la erótica posturita que me marco. Noto sus labios besándome con destreza, aunque mientras miro su lasciva mirada comprendo que aún no me besa. Pero yo siento sus labios prendiendo fuego a los míos y me dejo hacer. Su lengua recorre el carnoso contorno del óvalo en que se ha convertido mi boca para darle pleno acceso. Él acepta mi invitación y se hace dueño de mis jugos salivares. No sé cómo lo hace, pero siento que envuelve mi lengua con la suya y me gusta, me gusta mucho.
                Su mano ha claudicado ante mi pecho, que por primera vez consigue que yo lleve la voz cantante en algo. Le he tentado y se ha dejado tentar. Y ahí que masajea mi seno con fuerza a la vez que me da pequeños pellizcos cada poco tiempo. Siempre con la misma intensidad. No muy fuerte para que duela, pero sí lo suficiente como para provocar que mi pezón se endurezca mucho y suba unos grados mi temperatura corporal. Va de un pecho a otro y apenas soy consciente del momento en que los intercambia. De no ser porque una mano la tiene enterrada en mi cabello mientras inunda mi boca con su lengua, pensaría que tiene 3 manos el jodío. Pero algo no va bien y es que noto que una mano baja peligrosamente, mientras que la otra sigue endureciendo mi pezón… y una tercera mano continúa haciendo ovillos con mi pelo. Me asusto y me separo de él muy rápida.
                —¡Apártate de mí! —le grito a la vez que me giro. Cuando estoy frente a él, creo que ya me vuelvo loca de remate. Le veo vestido de nuevo. En mi habitación, pero vestido. ¡Joderrrrr, yo también estoy vestida!
                —Pero… ¿cómo?... ¿Por qué?...
                —Porque tú lo quieres —asegura como siempre sin dudar. Yo no sé qué pensar ya. Esto es absolutamente imposible.
                —Te equivocas —me corrige otra vez y en esta ocasión no me siento con fuerzas de replicarle—. Es posible y de hecho, hace sólo unos segundos comenzabas a jadear porque era posible. Tú lo haces posible y sólo tú lo harás imposible. Dime que me vayas y me iré. Dime que me quede y te muestre el resto de mi repertorio y te aseguro que llorarás por repetir —sentencia consiguiendo hacer que me estremezca—. ¿Quieres que me marche para siempre o prefieres que suceda lo inevitable y te haga más mía de lo que ya eres?
                La pregunta parece que invita a todas luces a que me niegue y le haga desaparecer de una vez por todas, pero al final no llego a contestar, sino que lo hace mi deseo por mí.

                —¡Fóllame! —ordeno y acto seguido siento que su polla se abre paso entre mis labios húmedos. Acaba de penetrarme a pesar de que unpar de segundos antes estábamos vestidos, mirándonos el uno al otro. Ahora estamos ambos desnudos, yo tendida boca abajo en la cama y él sobre mí, acariciando con sus vellos mi espalda a la vez que me penetra con fuerza y tira de mi cabello para tener mejor acceso a mi cuello. Le pone esa zona y yo se la ofrezco sin dudarlo. Dios, ¿cómo puede ser tan placentero lo que me hace? Noto un mar de manos sobre mi cuerpo, un sinfín de caricias que recorren cada centímetro de cuerpo a la vez que su pene ocupa todo mi interior a pesar de no que no parecía a simple vista ni mucho menos descomunal. Ahora noto una lengua en cada uno de los lóbulos de mis orejas y aunque hace un rato me hubiese sorprendido, ahora no me preocupa lo más mínimo. Sólo sé que me gusta, me encanta y me dejo seguir haciendo.
                Sigue embistiendo, cada vez más profundo, cada vez más intenso, cada vez más placentero. Aprovechando que sigue tirando con su mano de mi cabello y ofrece los rígidos senos, otras 2 manos los masajean ya de manera casi violenta, pero no me duele, me encanta también. Este tío no puede ser humano. En el mismo momento en que lo pienso, me asalta la duda y me encorvo aún más para verle la cara mientras invade mi interior y mi exterior. Me quedo completamente embrujada con lo que veo, aunque no por ello deja de gozar mi cuerpo, que parece ir por libre de mi cabeza. Donde debiera estar su cabeza no hay nada. O mejor dicho, no parece haber materia tal y como la conocemos. Pero es bello, es hermoso observar en qué se ha convertido. Parece estar hecho de líquido, como asemejándose a la gelatina. Es incoloro, salvo por las venas que se distinguen hasta donde alcanzo a ver. Está formado por esa especie de gelatina y venas, muchas venas y arterias.
                Bajo la cabeza y recupero una postura más natural a la vez que voy sintiendo un ardor en el coño que indica una explosión inminente. Pero antes de que me invada el más placentero de los orgasmos que jamás tendré en mi vida, veo sus manos clavadas en mis pechos. Sólo tiene esas 2, ya que sobre mi cabeza ya no siento contacto alguno. La piel de sus manos es idéntica a la de su cabeza y desde mi posición sólo observo venas sobre mis pechos, a pesar de que sigo sintiendo el firme contacto con mi piel. El brillo de la luz que entra por la ventana de mi dormitorio se refleja en sus manos para darles forma. No me puedo creer que me esté follando una especie de hombre invisible formado por gelatina, pero lo hace de vicio. Y es que es puro vicio lo que siento ya. Aún no ha terminado y ya me muero por repetir.
                Unas últimas estocadas provocan llamaradas de un placer muy intenso en el interior de mi sexo y como si del cuerpo de bomberos se tratase, ambos regamos la zona con nuestros flujos para apagar tanto fuego como me quema por dentro. Yo gimo como una loca ante ese placer tan insoportable como embriagador y me dejo caer sobre la cama extasiada como jamás me había sentido nunca. Poco o nada me importa ahora mismo cómo se encuentre mi mejor amante. ¿Qué demonios? ¡Mi único amante! Después del polvazo con que me amenazó y que ha llevado a cabo, el resto de hombres que han entrado en mí lo hicieron como boy-scouts en mitad de una infantil exploración.
                ¡Esto es follar y lo demás son tonterías! Jamás hubiese pensado tener una relación tan intensa y placentera, ¡ni en sueños! Y aunque estoy plenamente convencida de que se trata de un sueño, siento que los párpados me pesan y camino de forma inevitable hacia mi narcótica existencia. ¡Qué irónico es quedarse dormida en mitad de un sueño! Pero los ojos me pesan y me duermo.
                Los rayos del sol entran dolorosamente por la ventana y me traen de vuelta a marchas forzadas del universo de Morfeo. No pasan ni 2 segundos desde que abro los ojos y su cara transparente me viene a la memoria.
                —Todo ha sido un sueño —comprendo y aunque debería estar aliviada, me siento triste porque ya no podré volver a sentir lo mismo, salvo que vuelva a soñar con él. Todo ha sido un sueño, pero ¡vaya sueño!
                Me apresuro a coger el móvil de la mesita de noche para contarle a Adina todo lo que me ha pasado. Ahora comprendo que ni he ido a fiesta alguna, ni me harté de tequilas, ni si quiera conocí a un tío que casi lo primero que me dijo es que me iba a follar. Todo ha sido un sueño y debo contárselo a mi "hermana" Adina.
                Pero algo no va bien. Noto una sensación muy extraña… ahí. Siento como si me estuviese orinando y me viese obligada a tensar los músculos para que no se esparza el tórrido líquido sobre las sábanas nuevas. ¿Se mueve? ¡Joder, ya me estoy asustando!
                Bajo una mano hacia mi coño y cuando llego hasta él, lo noto bastante mojado. Introduzco un dedo en mi interior y luego 2 para comprobar asombrada que tengo algo dentro. Lo extraigo con temor y cuando cuadro el objeto frente a mis ojos, veo sus 2 iniciales clavándose en mi retina. TW, Tomas Ween, me digo asombrada aún creyendo que no le volveré a ver, a pesar de la extraordinaria situación en que me encuentro con esa especie de bola china dorada ante mí.
                —Te equivocas, preciosa —me susurra al oído una voz conocida—. Hasta el próximo "Hello Ween".

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